Podría empezar así:
Nos encontramos en esa calle, en esa ciudad, a esa hora, por mera coincidencia, porque si existiese alguna fuerza superior que obra por los destinos de las gentes, y las reúne en un engranaje de sincronías, de seguro algo nos tenía preparado, sin el consentimiento de ninguno de los dos, por cierto.
O podría decir:
Tú, o yo -da lo mismo- o ambos -también puede ser- nos propusimos, en plena conciencia de deseo, o en absoluta ignorancia, forzar ciertas intenciones, torcer de alguna forma los tiempos en favor de este encuentro repentino, que quizá no era repentino si no anunciado, que quizá lo llevábamos planeando en secreto desde hace mucho, no importa, la verdad es que no importa tanto si es que fue anhelo o sobresalto, porque lo que importa es que de alguna forma uno de los dos, o los dos, direccionamos las rutas hacia un punto de acercamiento.
Tú podrías empezar así:
Que desde luego había un destino, un ser mayor que nos llevaba a descubrirnos en una calle desconocida, como forma de cumplir castigos, pecados antiguos. Que tal vez era represalia preventiva por futuros comportamientos, que uno cosecha lo que siembra, que no siempre todo puede ser tan perfecto, que no todos los encuentros son lo suficiente, que nada nunca es suficiente, porque la vida puede llegar a ser una decepción fragmentada que no acabamos de dimensionar. Eso podrías decirme, para empezar.
O, claro, podrías decir:
O, mejor, podrías fingir:
Una postura sorprendida, que si fuimos los dos fuimos cautos y lo hicimos porque así se cierran etapas, porque es la manera más sana de dar una última exposición de pareceres como cuando las personas dicen el último polvo, pero tú no dices un último polvo, tú dices una última exposición de pareceres, porque a ti te gusta decir cosas como esas, tan peculiares, tan alejadamente de lo que diría cualquiera. Dirías que es necesario, que es necesario para ambos, que dentro de todo, podemos comportarnos por única vez como tipos decentes, adultos. Pero recuerda, estarías fingiendo.
A pesar de todo:
Seas tú quién se encarga de la revolución de los recuerdos o de las instancias. Sea yo el que se plantea la posibilidad de que tú hayas maquinado todo el asunto. Seamos ambos, seamos todas las posibilidades, en todas las instancias, en todos los posibles universos paralelos que nos deparan tantas opciones inimaginables -como dirías tú, tan tú- no valdría la pena darle muchas vueltas, porque cualquiera haya sido esa razón llena de sombras y fulgores, nuestro actuar no correspondería con los designios que el éxito del acontecimiento -llámese encuentro de carácter visual, que dé la certeza a los dos de que uno está viendo a uno, y viceversa- desobedeceríamos toda creencia popular, y nos haríamos los desentendidos, cada uno para su lado, si te he visto no me acuerdo.
Y lo único que esto me confirma:
Es que ya no importa.
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